Background music:

López Buchardo,
"Escenas Argentinas "
performed by Oquesta Sinfónica de Entre Ríos
Gabriel Castagna, conductor

Nacionalismo Musical Argentino

Alberto Williams

Alberto Williams

Julián Aguirre

Julián Aguirre

Carlos López Buchardo

Carlos López Buchardo

Astor Piazzolla

Astor Piazzolla

Carlos López Buchardo

Carlos López Buchardo (1881-1948)

Compositor, pianista y docente, Carlos López Buchardo fue una figura central de la cultura argentina. Nació el 12 de octubre de 1881. Su madre, María Filomena Buchardo fue una excelente pianista y sus dotes musicales y culturales sin duda fueron muy importantes para el temprano desarrollo musical de su hijo Carlos. Luego de iniciar sus primeros pasos con su madre, López Buchardo continúa sus estudios con Héctor Belluci, un reconocido profesor de piano. Tras varios años de constantes progresos, por sugerencia misma de Belluci, López Buchardo continúa sus estudios con el notable concertista francés, radicado en Argentina, Alphonse Thibaud, que fuera discípulo de Camille Saint- Saens en el conservatorio de Paris. Al mismo tiempo, bajo la dirección del Maestro Luis Forino realiza estudios de armonía, contrapunto y composición. En 1909, viaja por segunda vez a París para continuar sus estudios de composición con Vincent D´Indy en la Schola Cantorum. Al alejarse D´Indy de esa institución, López Buchardo sigue estudiando con este en forma particular. En París, López Buchardo no tarda en sumarse al distinguido grupo de artistas argentinos que ahí residían y con los que trabó una duradera amistad y compartió ideales artísticos, entre ellos estaban los músicos José André y Celestino Piaggio y los pintores Jorge Bermúdez y Ernesto de la Cárcova. Luego de regreso de París, se estrena en el Teatro Colón su ópera “Il sogno di alma” en una producción de gran jerarquía que contaba con grandes estrellas de la lírica como  la soprano Lucrecia Bori, el tenor Alejandro Bonci y el Barítono José De Lucca con la dirección de Tulio Serafín. Esta ópera fue bien recibida por el público y sirvió para que el compositor demostrara de manera categórica sus indiscutibles condiciones de artista. Con motivo de su estreno López Buchardo habló en una entrevista sobre sus futuros planes artísticos en estos términos: “...si el éxito me ayuda, trataré de poner mi estro al servicio de la música nacional. Creo que nuestro folklore es lo suficientemente rico y que un compositor puede hallar bellos temas para desarrollar en lo que constituye nuestra música nacional y que es lo que cantan los trovadores de nuestra tierra, poetas y músicos a su modo, como lo fueron los trovadores del medioevo, que no tenían más musas ni más cánones que el propio sentimiento.”

 “Escenas Argentinas,” será un fruto de esa vocación por poner toda su talento al servicio de la música nacional. López Buchardo dice con estas palabras la forma en que fue adentrándose en el espíritu de nuestra música folklórica: “En la estancia de mi padre, entre el grupo de peones que rodeaban el fogón tradicional, aprendí muchos secretos del sentimiento gaucho. Ellos tocaban y yo también. De este modo era posible y fácil el entendimiento emocional que acortaba las distancias y me permitía cosechar elementos líricos para mis obras futuras. El poema sinfónico “Escenas Argentinas” es estrenado el 18 de septiembre de 1920 en el teatro Coliseo bajo la dirección de Félix Weingartner; aunque la “Campera” se había estrenado un año antes el 17 de mayo de 1919, dirigida por Ferrucio Cattelani  en concierto realizado en la “Asociación Italiana de Conciertos.” La obra fue luego ejecutada completa por la Orquesta Filarmónica de Viena bajo la dirección de Félix Weingartner en un memorable concierto realizado en Buenos Aires en el mes de Agosto 1922 . Posteriormente,  fue interpretada por varios de los más grandes directores de todos los tiempos: Erich Kleiber, Fritz Busch, Victor De Sabata y Wilhelm Furtwängler. “Escenas Argentinas”  consta de tres movimientos “Campera,”  “Día de Fiesta” y “El Arroyo,” estos dos últimos ejecutados sin interrupción. En la “Campera,” con honda humanidad, López Buchardo trata el mismo tema que ocupó tres décadas atrás a una de las primeras obras nacionales de Alberto Williams “El rancho abandonado,” tema también presente, como hemos mencionado, en el “Martín Fierro” de José Hernández. El mismo autor explicó así el programa literario que la obra sigue: CAMPERA “canto de la tapera” podría titularse esta obra construida sobre una idea original en la que se hermana un  ritmo cadencioso a la suave melancolía de un Triste al estilo popular pampeano. Poética exaltación de las alegrías de las fiestas camperas y de los dolores pasados que dispersó a los habitantes de un rancho transformado en “tapera” por la desolación y el hado adverso. Esta hermandad entre el canto y la danza, lamento al que se une lejanamente un recuerdo alegre, sintetiza la vida humana, argentina en el caso presente, dado el carácter de la idea melódica de inconfundible sabor criollo. De este fondo de humanidad y argentinismo surge el doble carácter de esta obra: universal por el sentimiento y argentina por el modo de expresarlo, rasgo este común a todas las obras nacionalistas verdaderamente sinceras, que según opinión de un verdadero esteta “para remontarse al cielo deben tener profundas raíces en la tierra”. DIA DE FIESTA:  Finalizada la yerra es tradicional en el campo organizar una fiesta que está caracterizada en este poema musical por una de las más bellas y típicas danzas argentinas: el “Gato.” Es día de fiesta. La alegría es general; la peonada luce sus mejores prendas; policromos vestidos de percal y enaguas almidonadas las mujeres; pañuelos de ceda al cuello, tiradores adornados con monedas de plata a la cintura, ponchos chiripas y botas de potro los hombres...Todo imprime al cuadro la nota de color característica de la vida popular pampeana. Las parejas bailan rivalizando entre sí con sus variados y complicados zapateos y las relaciones galantes o irónicas añaden al regocijo ambiente su expresión de amorosa o maliciosa espiritualidad. Dos temas de danza, rítmico el uno, melódico el otro, alternan en la orquesta con rasgueos de guitarra. Fundiéndose con ellos ciertos elementos evocadores de la música nacional gauchesca. Una pareja anhelosa de intimidad y de silencio se separa del bullicio y se dirige lentamente hacia las orillas de un arroyo cercano. El murmullo de sus aguas, el ruido de la brisa meciendo las ramas caídas de los sauces y el armonioso gorjeo de los pájaros, animan la naturaleza llenándola de emoción y encanto. Los amantes sumidos en un sereno éxtasis inician su dúo de amor, una dulce y campesina vidalita simboliza sus frases, teniendo por fondo en la orquesta la plácida evocación del baile y de un zorzal que oculto en el ramaje ilumina el aire con su canto y se aleja modulando melodiosamente. Los confusos rumores de la fiesta desvanecen el coloquio sentimental de los enamorados, quienes retornan al bullicio mezclándose entre los animados concurrentes, en medio de la pintoresca alegría de la danza...” Con esta idea original, por primera vez, se realiza un poema sinfónico que, como tal, con motivos campestres, sigue un programa literario, muy detallado, en el cual se plasma una clara idealización de las virtudes del gaucho argentino que representan una herencia emblemática de identidad nacional. Un concepto similar es aplicable en literatura a “Don Segundo Sombra” de Ricardo Güiraldes (1886-1926) que, publicado pocos años después, es  continuador de la “tradición gauchesca” establecida por Bartolomé Hidalgo (1783-1822), Hilario Ascasubi (1807-1875) Estanislao del Campo (1834-1880) y Rafael Obligado (1851-1920), que fue fuente de inspiración para los compositores de estilo nacional. El escritor, educador y literato francés Paul Groussac (1848-1929) amigo de Alberto Williams, y que fuera director de la Biblioteca Nacional y conocedor de las costumbres de nuestro campo, en una conferencia pronunciada en Chicago en el año 1893, titulada “El Gaucho, costumbres y creencias populares de las provincias argentinas” hace una narración precisa, referida a los temas que ocupan tanto a “Escenas Argentinas” como al “Rancho abandonado,” que me parece oportuno citar por la época en que fue hecha y por su agudeza y objetividad: “Durante el rodeo, cada propietario reconocía y apartaba lo propio patriarcalmente, como en las edades bíblicas. Y allí eran las grandes fiestas del año pastoril! Ahora bien: todos los que allí se afanaban, peones permanentes o conchabados, compadres y transeúntes atraídos al torneo y al amor del asado en las brasas: cada cual montando su caballo enjaezado con el vistoso arreo chapeado de plata; vistiendo el rayado poncho recogido en los hombros, y con la lengua tan afilada como el cuchillo pasado al cinto, todos ellos eran gauchos de la llanura, lo que simplemente significa: hombres adiestrados en el manejo del lazo y del caballo. He hablado en tiempo pasado, pensando sobre todo en la antigua provincia de Buenos Aires, cuya extensión habitada, lo repito, no excedía veinte años ha, ese semicírculo de unas treinta leguas de radio, alrededor de la gran ciudad, hasta la frontera de los indios. En el día, estos han sido rechazados, dispersados en el desierto, donde, a semejanza de los vuestros (se refiere a los indios de Norte América), se están extinguiendo lentamente, y los gauchos, que tomaron su lugar, van retrocediendo a su vez delante de la inmigración europea o transformándose con su contacto y transfusión. El encarecimiento rápido de la propiedad rural ha tenido como consecuencia su partición y medición exacta. La cría científica  de los cultivos de raza fina y los cultivos del suelo, cuidadosamente cercado, han creado la verdadera industria pastoril. Caballerizas y establos remplazan al antiguo corral. Desde la vecina estación del ferrocarril, el propietario enriquecido llega en carruaje a su estancia: la antigua habitación rústica se ha convertido en una verdadera residencia, algunas veces en un castillo con parques y jardines. Estancias hay, a unas cien leguas de Buenos Aires, que pudimos conocer como campos abiertos a las tribus indias, donde hoy los carruajes con tiro inglés recorren la llanura, y en cuyas mansiones lujosas se come en traje de etiqueta. Los criadores europeos han relegado al gaucho hasta las grandes heredades de antiguo estilo. Se ha cumplido la ley fatal: De afuera vendrá...Y el hijo de la pampa se ha refugiado en lo que de la pampa queda, por el lejano sur. Es allí donde se lo encuentra aún, pero desorientado y empobrecido al contacto de la civilización invasora, cuando no ha logrado refundirse en el grupo urbano.” Más adelante, luego de trazar una semblanza del gaucho agrega: “Tal es- o era- a grandes rasgos bosquejada, la fisonomía pintoresca y, en resumidas cuentas, simpática de nuestro hijo de la pampa. Con todos sus vicios y pecadillos se acababa siempre por quererle, porque es franco, valiente, hospitalario, muy leal y hasta ingenuo bajo sus apariencias hirsutas. Ninguno de nosotros desdeña su compañía. Y en los tiempos de largas jornadas a caballo, en la etapa al amor del fogón nocturno, el viajero gustaba de atizar su plática sencilla y de buena gana solía retardarse con él. Precisamente es lo que acaba de sucederme.”

Luego del gran éxito de “Escenas Argentinas” siguieron otras páginas de estilo nacional, de altísimo nivel artístico, que marcaron el rumbo a generaciones de compositores clásicos y populares. Entre estas podemos mencionar las “Seis Canciones argentinas al estilo popular” con las que en 1925 obtiene el Premio Municipal de Música. Las tres primeras “Vidalita”, “Los Puñalitos” y “Desdichas de mi pasión” fueron escritas sobre textos de Leopoldo Lugones; “Vidala”  y “Canción del Carretero” con textos de Gustavo Caraballo y “Jujeña” con textos de González López. De la alegre y vital introducción de “Jujeña” cuyo ritmo luego acompaña el canto, el autor escribió una versión para piano solo que se titula “Bailecito.”  A estas se suma la serie de “Cinco Canciones Argentinas”, “Prendiditos de la mano”, “Si lo hallas”, “Oye mi llanto” y “Malhaya la suerte mía” con textos de Miguel A. Camino; y “Frescas sombras de sauces” escrita sobre un texto anónimo y la serie “Siete Canciones Infantiles.” La comedia musical fue otro género en el que López Buchardo desplegó su gran talente con obras como  “Madama Lynch”, “La Pericona”, y “Amalia.” Y para música de escena escribió Comentarios Musicales para “Romeo y Julieta.” Muy dotado como pianista, López Buchardo dejó escrita también una exquisita “Sonatina”  en un movimiento para ese instrumento.

A su labor como compositor se suman sus actividades de docente: Director de las Escuelas del Teatro Colón, Profesor y Director de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de La Plata, Director del Conservatorio Nacional, y como funcionario y organizador desde sus cargos de Miembro del Directorio del Teatro Colón y Presidente de la Sociedad Nacional de Música. A su desempeño como Director de la Asociación Wagneriana, durante más de tres décadas, se deben brillantes temporadas de conciertos que quedaron grabadas para siempre en nuestra historia cultural y la promoción constante de compositores argentinos a través de conciertos y concursos.  Como intérprete realizó junto a su esposa, la destacada soprano Brígida Frías de López Buchardo, numerosas giras por el interior del país además de una intensa actividad de conciertos en Buenos Aires.

El compositor Abraham Jurafsky, amigo, discípulo y biógrafo de Carlos López Buchado cierra su interesante libro sobre la vida del compositor con las siguientes palabras, que me parece oportuno citar: “Carlos López Buchardo hundió raíces de sangre y espíritu en la vieja tierra de muestra historia, y así pudo darle al país toda su alma de músico, con devoción y con tanta ingenuidad como sabiduría.”

Tres grandes directores que interpretaron las Escenas Argentinas

Erich Kleiber Weingartner Wilhem Furtwangler
Erich Kleiber
Felix von Weingartner
Wilhelm Furtwangler

 

 

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© 2007 Gabriel Castagna