Background music:

Alberto Williams,
"Obertura "
performed by Württembergische Philharmonie Reutlingen
Gabriel Castagna, conductor

 

Nacionalismo Musical Argentino

Alberto Williams

Alberto Williams

Julián Aguirre

Julián Aguirre

Carlos López Buchardo

Carlos López Buchardo

Astor Piazzolla

Astor Piazzolla

El Nacionalismo musical
Biografía de Alberto Williams
La Sinfonía Buenos Aires, de Astor Piazzolla
Quizz de la Música Clásica argentina

Nación, tradición y civilización, realidades orgánicas del proceso histórico, nada valen de por sí cuando el pueblo que las crea no adquiere conciencia de lo que ellas significan. Tal cosa no puede adquirirse plenamente sino por medio del arte. No basta poseer una cultura: es necesario poseer la conciencia de la cultura" ("Eurindia", cap. XLV, p. 139).

Ricardo Rojas

El Nacionalismo Musical

Cuando la creación artística hunde sus raíces en la herencia de su suelo nativo, su producto se cristaliza en un contexto histórico y social que determina su carácter y legitima su autenticidad. Los artistas nutridos por su medio circundante, le retribuyen al mismo con su obra que, más que un simple sedimento cultural, es una síntesis imperecedera de esa interacción permanente. En este proceso, el arte da forma, orden y claridad al amorfo reino de aparente caos que le rodea y a través de la valoración y de la vivencia de su mensaje, se consolida entonces el sentido de pertenencia a un pueblo y a un destino; y se asegura la continuidad de preciados valores como la independencia cultural y la libertad. Una nación sigue viva mientras su cultura sigue viva.
 Al repasar en forma panorámica el legado de nuestros creadores, desde el fin de siglo XIX hasta pasada la mitad del siglo XX, podemos apreciar que el sentimiento nacional que lo inspiró fue compartido por numerosos artistas de distintas disciplinas. Tal motivación creadora hizo que esta obra trascendiera el destino de ser una corriente estética más, para convertirse en un fenómeno de connotaciones más amplias que incluyó la necesidad de una expresión espiritual afirmadora de una identidad y de un impulso patriótico fundacional. La sinceridad creadora que manifiestan estas obras, su carácter intransferiblemente argentino, su importancia y repercusión, cantidad y diversidad alejan la teoría de que esta producción haya tenido como única motivación contrarrestar el fuerte embate multicultural de las corrientes inmigratorias. Si bien estas corrientes constituyen un elemento fundamental de nuestra evolución histórica y cultural, los estilos artísticos siempre tienden a conciliar las fuerzas divergentes que actúan en una misma época dentro de un proceso natural mucho más complejo, profundo y abarcador que, rigiéndose pos sus propias reglas, está más allá de cualquier voluntarismo coyuntural.
Luego de 1880,  nuestro país deja definitivamente atrás su era “criolla” para volverse cada vezmás una nación cosmopolita. Este fue un tiempo de grandes cambios políticos y sociales en el que la República, con una arrolladora voluntad de ser, se fue consolidando a través de decisivas instancias. La conquista del desierto (1879), la federalización de Buenos Aires y la conformación de un mapa político definitivo, la construcción de instituciones, como la Casa de la Moneda, con el primer “argentino de oro” de 1881, y una conducción política regida mayormente por ideas liberales y positivistas  trajeron al país varias décadas consecutivas de extraordinario crecimiento económico no exento, sin embargo, de profundas asimetrías y convulsiones políticas y sociales. A pesar de las zonas oscuras que este rápido crecimiento provocó (las cuales, como veremos, también fueron tema para nuestros artistas) Argentina se erigía orgullosa ante el mundo como una nación llena de promesas y también de formidables logros. Es dentro de este contexto fundacional que nuestros artistas, guiados por el amor a la Patria, cristalizaron en su obra una identidad cultural distintiva a partir de lo nuestro. La temática autóctona, hasta ese momento relegada a una producción marginal y limitada, fue fuente principal de inspiración para la búsqueda de un alma nacional. Así se generó entonces una corriente de creación de obras nacionales que, con los años, creció hasta magnitudes de gran relevancia. El  nacionalismo musical argentino, que había comenzado a desarrollarse de la mano de precursores como Luis J. Bernasconi (1845-1885) Francisco Hargraeves (1849-1900) y Saturnino Berón (1847-1898)  se va consolidando definitivamente, a partir de la última década siglo XIX y, con el impulso dado por Alberto Williams, continuará creciendo vigorosamente durante la primera mitad del siglo XX. Sin duda, el hecho de que talentosos músicos como Williams, Aguirre, Berutti y otros, que formaron la primera camada de “músicos profesionales” (ya que la mayoría de sus predecesores debían ejercer otras profesiones para sustentarse económicamente) pudieran completar su formación musical en prestigiosas  instituciones europeas significó un aporte formativo fundamental  que permitió redescubrir y recrear nuestro folclore desde una perspectiva más elaborada y estructurada. Así surgieron nuevas obras de carácter nacional que conciliaban la temática autóctona con los recursos artísticos adquiridos en el viejo mundo. Sobre este punto Alberto Williams haría un comentario que podemos tomar casi como paradigmático de una refundación de las tradiciones que ocurrió en todas las artes “la técnica nos la dio Europa y la inspiración los payadores de Juárez.” Debemos señalar, sin embargo, que en muchos casos los materiales tomados como fuentes temáticas estaban ya en un proceso de hibridación debido a la creciente interacción del gaucho con los centros urbanos y a su desplazamiento, en muchos casos, de las tierras en que habitaba. (Este último tema da título a una de las obras más famosas del movimiento nacionalista musical “El Rancho Abandonado” de Alberto Williams.) Esta línea creativa fue luego continuada por los grandes compositores argentinos de la fecunda “generación del ochenta,” entre ellos mencionamos a Carlos López Buchardo, Felipe Boero, Pascual Rogatis, Floro Ugarte y Manuel Gómez Carrillo.
Nutrido de elementos de raíz folklórica, el nacionalismo musical se convirtió entonces en una corriente de suma importancia..  Dentro del contexto sinfónico, el mejor argumento de este movimiento es que la fuerza expresiva de los materiales usados se ve enriquecida por las amplias posibilidades de la orquesta sinfónica. No es una simple cuestión de mero pintoresquismo y colorido adicional sino un verdadero paso adelante en el desarrollo de una música tradicional que, hasta el momento se encontraba ceñida por las limitaciones propias de sus elementales formatos. El verdadero desafío para los compositores fue entonces capturar la esencia de la música folklórica y presentarla recreada y enriquecida con la gama de recursos que la orquesta sinfónica puede proporcionar. De escuchar sus obras queda claro que, más allá de los elementos gauchescos presentes en ellas y claramente reconocibles, los compositores lograron revelar el espíritu de esta música desde una nueva y más vasta perspectiva que permite a nuestra sensibilidad e inteligibilidad musical percibir en ella nuevos matices y renovadas emociones  e impresiones los cuales surgen, sin embargo, de una misma fuente de materiales esenciales. Estas construcciones sinfónicas posibilitan oír aspectos implícitos de  la música folklórica por primera vez en sonidos reales, ya que los límites físicos de los  instrumentos típicos como la guitarra, el bombo, etc. y de la escritura para esos ensambles típicos dejaban en muchos casos librada a la imaginación del oyente un sin número de variables  expresivas que, con el nuevo formato sinfónico, quedaron claramente definidas en nuevo mundo de sonidos palpables. Me refiero, entre otras muchas cosas, a las nuevas posibilidades de textura, movimiento de voces, posibilidades dinámicas, contrastes, combinaciones de color, brillos y oscuridades, que ahora se encuentran presentes y que no eran precisamente aplicados por los intérpretes típicos. Yendo más allá podemos agregar también que, en el contexto de un pensamiento sinfónico, el panorama armónico y formal se amplió de manera notable con melodías y progresiones mas extensas, la posibilidad de frases y secciones formales más complejas y de numerosas alternativas de variación en la exposición y repetición de los materiales originales.
 Las obras aquí presentadas fueron escritas durante un período muy rico de nuestra historia musical, desde la 1ra Obertura de Alberto Williams, escrita en 1889, única obra del presente CD de pleno estilo europeísta (estilo cultivado también por otros compositores que, como Alberto Williams, luego se adentrarían en nacionalismo musical) hasta la Sinfonía Buenos Aires escrita hacia 1951 por  Astor Piazzolla, quien supo desarrollar obras sinfónicas a partir de elementos provenientes del tango y la música rioplatense. En este recorrido, nos es dado apreciar diferentes modelos e instancias de nuestra música con el estilo nacional como eje temático.

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Alberto Williams 1862-1882

Por su determinante influencia en la vida musical Argentina, Alberto Williams ha sido llamado merecidamente “el patriarca de la música argentina.”  Nació en Buenos Aires en el seno de una familia que cultivaba la música; su abuelo materno el Dr.  Amancio Alcorta (1805-1862) fue un compositor pionero de nuestra historia. Alberto Williams comienza sus estudios musicales en Buenos Aires con el prestigioso profesor alemán Pedro Beck. En 1876 ingresa a la Escuela de Música y Declamación de la Provincia de Buenos Aires fundada en 1874 por Santiago Alcorta y Juan Pedro Esnaola. Allí estudia, entre otros, con el virtuoso pianista y compositor Luis José Bernasconi (1845-1885) Gracias a la decisiva intervención del Dr. Luis María Drago, en el debate realizado el 17 de Julio de 1882 en la legislatura Provincial de Buenos Aires, Williams es becado, al aprobarse el proyecto presentado por el Poder Ejecutivo provincial, para completar su formación en Francia. Es de destacar que estas posibilidades de perfeccionamiento se fueron abriendo también, por diversos canales, a otros notables artistas de distintas disciplinas. Esta apertura posibilitó, con el posterior retorno de los becarios al país, cimentar las bases de una nueva y necesaria infraestructura educativa en el terreno de las artes.  Luego de un muy exigente y exitoso examen de ingreso, Williams es admitido en el prestigioso Conservatorio de Paris donde tiene como maestros a George Mathias, uno de los mejores alumnos de Federico Chopin, en piano; a Charles de Beroit en armonía, a Emilie Durand en contrapunto y a Benjamín Godard en conjunto instrumental. Además estudia composición en forma privada con César Frank, llegando a ser uno de sus alumnos preferidos. En esos años, Alberto Williams tomó contacto con el desarrollo de los estilos nacionales que se desarrollaban en Europa como el “grupo de los cinco” en Rusia y, muy probablemente, en Francia, con Vincent D´Indy, otro importante alumno de César Frank, que en 1886 completa su “Sinfonie sur un chant montagnard francais” basada en una canción folclórica francesa. A poco de su retorno a Buenos Aires, en diciembre de 1889, luego del exitoso estreno en París de su Primera Obertura de Concierto, Williams se encuentra con que la situación del país no era la que el esperaba. Una profunda crisis económica y política terminaba con el cuestionado gobierno de Juárez Celman. Y sus sueños de ganar el reconocimiento de sus compatriotas se encontraron con duras realidades. Sobre esto expresaba Alberto Williams “A los 25 años volvía yo al país, volvía yo de París, y confiado en los progresos de mi patria, me lanzaba con juvenil ardor a la palestra, y después de dar dos recitales de piano, de tocar en salones de nuestra alta sociedad, de dirigir un concierto sinfónico donde figuraba mi primera Obertura, y lanzar dos mil prospectos a todos los vientos, reclamando suscriptores para dar a la estampa mis producciones inéditas, consiguiendo sólo tres firmas de suscripción. Mi desaliento y decepción fueron tan grandes, ante tan grande indiferencia, que me encontré en un tris de irme con mi música a otra parte.” (Williams, Alocuciones, discursos y conferencias. 207) Sin embargo, el compositor inicia una tarea múltiple de educador, escritor, intérprete, organizador. En muchas de sus obras podemos apreciar, en mayor o menor medida, una constante yuxtaposición e interacción entre elementos temáticos folclóricos y recursos harmónicos y formales europeos. Williams da al “estilo nacional” un importante impulso, que comienza con la serie para piano “En la sierra” (1889)  A esta serie pertenece la obra “El rancho abandonado,”a la que el compositor tenía un particular aprecio, considerándola como punto de partida de una larga serie de obras de estilo nacional. Como su título lo indica, “El rancho abandonado,” trata tema  del despojo que sufre el gaucho de sus tierras y al carácter heroico de su destino definido por así por Leopoldo Lugones en sus comentarios sobre el Martín Fierro de José Hernández (1834-1886) “Como todo poema épico, el nuestro expresa la vida heroica de la raza: su lucha por la libertad, contra las adversidades y la injusticia. Martín Fierro es un campeón del derecho que le han arrebatado: el campeador del ciclo heroico que las leyendas españolas inmortalizaron siete u ocho siglos antes: un paladín al cual no le falta ni el bello episodio de la mujer afligida cuya salvación efectúa peleando con el indio bravo y haciendo gala del más noble desinterés. Su emigración a las tierras del enemigo, cuando en la suya le persiguen, es otro rasgo fundamental. Y esto no por imitación, siquiera lejana, sino porque así sucedía en efecto, siendo muchos los gauchos que iban a buscar el amparo de las tribus, contra la iniquidad de las autoridades campesinas.” (José Isaacson, “Martín Fierro cien años de crítica,” ed. Plus Ultra p. 75) El “Rancho abandonado” es una obra que podemos ubicar, desde el punto de vista estilístico musical, en un punto intermedio entre el pleno europeísmo de su “Primera Obertura de Concierto,” y otras obras suyas que despliegan un lenguaje claramente más cercano a nuestra música como por ejemplo, sus milongas. Sin embargo, por su temática y el desarrollo que Williams hace de la misma, esta es una obra clave de la música nacional. En el “Rancho abandonado,” el compositor hace un uso de recursos armónicos y melódicos ajenos a la música autóctona, en un lenguaje romántico tardío que incluye algunos rasgos impresionistas, lo que permite crear esa especial atmósfera que sugiere el programa implícito en el título de la obra y su desarrollo: la contemplación del paisaje, con la imagen de la triste y desolada tapera en medio de la mágica  e insondable quietud de la pampa, despierta los sentimientos del observador (tiempo presente), de este planteo surge, en la parte central, una evocación, con ritmo de huella, referida a un tiempo pasado más feliz pero ya inasible. El tema de la evocación también está presente en el “Martín Fierro” como bien lo señala Ángel Héctor Azeves en su ensayo crítico sobre dicha obra “El tema de la dignidad del hombre.” Dice Azeves: “Al comenzar a contar su historia, Martín Fierro añora una edad dorada edénica de pasado gaucho. En ella la vida familiar se desenvolvía plácidamente y toda comunicación humana era alegre y limpia...la completa conformidad del gaucho con su mundo se valora en dos significativos versos: Y ansí, pues, muy grandemente, Pasaba siempre el gauchaje. Dichosos tiempos aquellos idealizados hasta soñarlos saturnales y edénicos, por un hombre condenado a peregrinar en desamparo.”  En “El rancho abandonado,” la potencia dramática de esta evocación es lograda por progresiones cromáticas ascendentes que se articulan en un largo vector de tensión.  Esta progresión alcanza su culminación al desaparecer el relato melódico dando paso a un clímax, a puro ritmo de huella, que representa la fugaz (y atemporal) aparición vívida,  triunfal, heroica  e idealizada del gaucho libre y de espíritu indomable ante “los accidentes de su existencia llena de peligros, de inquietudes, de inseguridad, de aventuras y agitaciones constantes...” (José Hernández, prólogo al “Martín Fierro) Luego de este punto, de efecto catártico, el compositor vuelve a su relato inicial pero habiendo ya logrado su resolución en una orgánica evolución dramática (finalizando la obra en modo mayor). Este uso de recursos no pertenecientes al folclore, que al compositor le eran tan familiares, no debe tomarse más que como lo que es: una ampliación de las posibilidades expresivas adecuadas a un fin artístico particular. En este caso exponer el planteo, desarrollo, clímax y resolución de una historia en la que el autor conjuga un mundo de apariencias visibles con otro de realidades presentidas fundiendo así verdad y mito. Desde este punto de vista,  se debe considerar a esta obra como un logrado y original abordaje a la temática gauchesca. La creación del “Rancho abandonado” está, además, envuelta en la historia que el mismo Williams relata sobre sus experiencias, luego de un viaje que realiza, a poco de regresar de Francia, recorriendo puestos y estancias de la pampa. y en el que, entre otras vivencias, tiene un inolvidable encuentro con el gaucho Julián Andrade, compadre de Juan Moreira. No obstante la indiscutida calidad musical de esta pieza, y su importancia histórica, debemos afirmar que Williams escribió trabajos de mayor envergadura que esta. En sus milongas, más simples, que son evocativas y descriptivas del carácter criollo, Williams mantiene un leguaje más cercano y tradicional que le sirve para lograr ese propósito. Al respecto dijo el Profesor Carlos Sufren: “De la milonga, captó la gracia chocarrera y sensual, tipificando con ella no solo un sentir del campo y del suburbio en su linde, sino que fijó la dualidad psicológica de esta tipología: la del gaucho y la del compadre. Escribió un gran número de milongas, para el piano, para el canto y para la orquesta, instaurando una vasta galería de especies que van del modesto rancho hasta el circo trashumante y que constituye la más rica, en su categoría que poseemos.”
Conocido mayormente por algunas de sus obras para piano, como las ya mencionadas, a lo largo de más de seis décadas de constante y prolífica labor, Alberto Williams llegó al  número de opus 136, cifra que no es representativa de la vastedad de su obra ya que muchos de estos opus están formados por hasta diez piezas o más.  De esta obra destacamos sus nueve sinfonías en las que uso temas cíclicos e ideas programáticas, los poemas sinfónicos “De las Campanas,” “Del Iguazú” y “De los Mares Australes,” dos oberturas de concierto, dos suites de miniaturas, “Cinco danzas argentinas para orquesta,” tres suites argentinas para arcos, “Milongas para Orquesta;”  en música de cámara: una “Sonata para flauta (o violín) y piano,” tres sonatas para violín y piano, “Sonata para violoncello y piano,” un “Trío en la menor para piano, violín y violoncello;” música coral: “Coros a capella para 4 voces de hombre o mujer,” “Coros argentinos a capella para 4 voces mixtas;” para piano: Tres Aires de Danza, Recuerdos infantiles (6 piezas fáciles) Mazurcas, Aires de vals, “Suite En la Sierra,” cinco series de miniaturas, 7 series de “Aires de la Pampa,” op. 33, Tres Hueyas, op.46 Tres Hueyas, op. 63 Diez Milongas, op.64 Diez Milongas, op.65 Tres Vidalitas, op.66 Cuatro Vidalitas; Sonata para piano; Siete poemas para piano: “Poema de la Quebrada,”  “Poema del Valle,” “Poema de la Playa,” “Poema de la Noche,” “Poema de la Araña-Pollo,” “Poema Fuegino,” “Poema Antártico,” etc.
 De las aulas de su conservatorio salieron talentosos músicos como Ernesto Drangosch, José André, Pascual de Rogatis, Alberto Ginastera, Celestino Piaggio, etc. Como intérprete se destacó en el piano y la dirección orquestal, y tuvo un papel clave en la difusión de muchas obras de autores extranjeros que aún no eran conocidas en Argentina, como así también de la obra de autores locales. En el año 1900, Alberto Williams es merecedor de un honor concedido a muy pocos artistas en la historia: es invitado a dirigir la Orquesta Filarmónica de Berlín en un concierto dedicado a sus propias obras.  Arturo Toscanini, Erich Kleiber, Ernest Ansermet, Karl Boehm y Juan José Castro se cuentan entre los prestigiosos directores que interpretaron su obra.

La Primera Obertura de Concierto, logro fundamental en la carrera de Alberto Williams,  es su primera obra sinfónica. Fue escrita en Francia bajo la guía de Cesar Franck, quien le escribe una elocuente carta de recomendación en la  que declara que Alberto Williams era “un artista de verdadero talento, que suma a las cualidades del virtuoso las del creador; supo llegar a ser uno de mis alumnos predilectos.” Su escritura revela un dominio de las formas y de la escala sinfónica que le valió, además, el reconocimiento del exigente y reducido círculo de músicos que dominaba la escena musical parisina. Estilísticamente encuadrada en el período romántico tardío, que para ese momento alcanzaba su culminación, la obertura está construida sólidamente sobre la forma sonata. Sus armonías y cromatismos (como en el cierre del segundo tema) el uso de un tema cíclico (en este caso, el tema que aparece en la introducción, en el puente hacia la reexposición y al comienzo de la coda, en este último caso comprimido) nos muestran las influencias de su Maestro Cesar Franck. El uso del acorde de sexta aumentada (similar al que resuelve al famoso “acorde de Tristán”)  que aparece en la introducción de la obertura, cuya primera frase se repite recreándose con leves variaciones, procedimiento que también es usado en el inicio del Preludio del Tristán e Isolda, nos dice también que, como casi todos los compositores de su época, Williams  se siente muy atraído por el genio de Wagner. Es importante además señalar que, si bien esta primera obra no es innovadora, tampoco debemos considerarla anacrónica respecto del contexto su época, ya que los recursos empleados por Williams eran similares a los usados en el momento por prestigiosos compositores de Europa. Hay en la obertura rasgos de orquestación y procedimientos que nos dejan entrever el estudio profundo que Williams realizó, además, de otros compositores como Beethoven, Weber y Brahms. Por otro lado es interesante destacar que el comienzo de segundo tema deja entrever una expresión absolutamente original en su intensidad y carácter que nos anticipa la fineza y el don melódico que caracterizarán en el futuro toda la obra del Maestro.

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Quizz de la música Clásica Argentina

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1-Que músico argentino, alumno de César Franck, dirigió a la Orquesta Filarmónica de Berlín en un concierto dedicado a sus propias obras?

  • Floro Ugarte
  • Juan Bautista Alberdi
  • Julián Aguirre
  • Felipe Boero
  • Alberto Williams

Respuesta:

Alberto Williams en el año 1900 fue invitado a dirigir dicha orquesta, entre las obras interpretadas figuran las dos Oberturas de Concierto y la Suite de Miniaturas op. 30

2-Que obra sinfónica argentina fue interpretada por estos tres grandes directores: Félix Weingartner, Erich Kleiber y Wilhelm Furtwängler?

  • Poema Sinfónico La Pampa
  • Poema Sinfónico Visión
  • Sinfonía de los Campos
  • Ruralia
  • Escenas Argentinas

Respuesta:

La obra es el poema sinfónico “Escenas Argentinas.”

3-Cual fue el gran director europeo que orquestó la obras “La huella” y “El gato” de Julían Aguirre.

  • Fritz Busch
  • Ernest Ansermet
  • Felix Weingarnter
  • Erich Kleiber
  • Arturo Toscanini

Respuesta:

Ernest Ansermet orquestó la obra que se publicó en el año 1938 con el título de “Due danze argentine”

4 -Nombre de dos obras sinfónicas que llevan títulos relativos a nuestra pampa:

Respuesta:

Poema sinfónico “La Pampa” de 1878 de Saturnino Berón y Pampeana nº 3 de 1954 de Alberto Ginastera

5-Que compositores  escribieron 2 obras sinfónicas con el mismo título de “Sinfonía Argentina”

  • Arturo Beruti - Juan José Castro
  • Washington Castro - Roberto Caamaño
  • Gilardo Gilardi - Felipe Boero
  • Pascual De Rogatis - Luis Gianneo

Respuesta:

“Sinfonía Argentina” de 1890 Arturo Beruti y la “Sinfonía Argentina” de Juan José Castro obra compuesta en 1934

6-Nombre dos obras sinfónicas que lleven como título el nombre de árboles autóctonos de Argentina.

Respuesta:

“El ombú”, poema sinfónico de Constantino Gaito
“El tarco en flor”, de Luis Gianneo

7-Que obras sinfónicas argentinas llevan como título Buenos Aires?

Respuesta:

8-Nombre tres obras sinfónicas de compositores argentinos que lleven títulos relacionados al continente americano.

9-Que compositor compuso una sinfonía que lleva como título “Los batracios”?

  • Constantino Gaito
  • Juan A, García Estrada
  • Jacobo Fisher
  • Juan Bautista Massa
  • Alberto Williams

Respuesta:

Alberto Williams. Se trata de su novena sinfonía.

10-Quien escribió la “Rapsodia Porteña” para orquesta sinfónica?


  • a. Abraham Jurafsky
  • b. Astor Piazzolla
  • c. Athos Palma
  • d. Eduardo Alemann
  • e. Montserrat Campmany

Respuesta:

Astor Piazzolla en 1948.

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© 2007 Gabriel Castagna